lunes, 31 de enero de 2011

Crónicas desde Oriente: La última Crónica.

  Parece mentira que haya pasado tanto tiempo. A lo tonto a lo tonto he pasado en Tokyo tres meses! No diré que se me ha hecho corto porque parece hace una eternidad cuando estaba volando por primera vez hacia Japón. Pero es difícil tener constancia de la cantidad de días y de noches.

  Ante todo ha sido un choque cultural brutal. Las cosas aquí se ven desde una perspectiva diferente incluyéndolo todo: trabajo, familia, relaciones personales... todo. Lo primero que te das cuenta es que las normas sociales son distintas. Por ejemplo aquí sorber la comida no es de mala educación (he escuchado verdaderas sinfonías en el comedor mientras tomaban la sopa o los fideos!) o el eructar no está mal visto del todo.

  Se trata ésta de una cultura con un conflicto interno muy fuerte. El Japón tradicional frente al Japón moderno. El Japón tradicional es pausado, lento, ritual... Es famosa la ceremonia de té que puede durar horas. O los combates de sumo cuyo inicio lo marcan los luchadores, y no el árbitro (que es un tipo pequeñito con un abanico que va haciendo grititos histéricos... es muy gracioso). El Japón moderno es estrés, movimiento, modernización y, en cierto modo, deshumanización. Todos los japoneses creen que es necesario este Japón moderno de los metros abarrotados y la comida en cinco minutos. Aunque el otro va asomando a la que menos te lo esperas.

  Es una sociedad muy machista. Las mujeres ocupan cargos de menor responsabilidad siempre. Y, por lo tanto, cobran menos. En contrapartida trabajan menos horas (pocas más de las que tocan). Los hombres trabajan unas 14-15 horas todos los días y venir a trabajar el Domingo es norma. Existe una expresión de disculpa utilizada exclusivamente cuando un trabajador se marcha mientras otro se queda trabajando. Intentaron enseñármela pero yo aludí rápidamente a mi mala memoria (que en realidad tengo) para olvidarla. Me niego a pedir disculpas cada vez que me voy del trabajo! Trabajan muchas más horas que en Europa aunque de un modo más relajado. En realidad he visto bastantes durmiendo en el trabajo. Cosa impensable en España. De esto ya pude darme cuenta antes de venir. En la primera reunión en Sony me advirtieron: "No te sorprendas si algún japonés se duerme". Y yo no me lo creía... Y sí, sí... fue empezar la reunión, un par de minutos y empezar a cabecear cinco nipones. Esta gente tiene una facilidad asombrosa para dormirse en cualquier parte. La figura del hombre, de pie, agarrado al asa del metro y durmiendo ya se me ha hecho familiar.

  Por aquí encuentras tus oasis en forma de restaurantes españoles: "La Amapola" con el camarero de los sombreros, "Casa Fujimori", "La Taberna Vasca" (que tiene de vasca lo que yo de extremeño) o "Vidrio". En estos es divertido enseñar algunas palabras en español a los camareros que siempre te lo agradecen porque da exotismo al local. En todo caso se trata de comida española "a la japonesa" y a algún bistec le he tenido que quitar un melocotón en almíbar de encima... aun así se agradece. Pero al final terminas yendo a los mismos restaurantes cada noche. Restaurantes que sirvan comida occidental (pizzerías en su mayoría)  y que estén cerca del hotel. En tres me he ganado el privilegio de no tener que hacer cola. Cuando entro el camarero me da una mesa cerca de la ventana, me sirve una cerveza y sabe que no ha de traerme la comida hasta que no me acabe mi bebida.

  Y eso de la cola, aunque parezca mentira, es una de las cosas que más molesta. Hacer cola. A nosotros (los europeos) hacer cola nos molesta por sistema. Si estamos esperando para entrar en un restaurante nos estamos preguntando: "Y porqué tengo que esperar si el que paga soy yo? Como si me hicieran un favor!". Aquí no. Están acostumbrados. Hay colas en los restaurantes, para comprar, donde pararán las puertas del metro, en la entrada del hotel, en el comedor, en los semáforos... hay cola para cada cosa que hagas. Y has de armarte de paciencia... otra opción es colarte. Nadie de los que hacen cola te dirá nada... Es una tentación. Pero yo he intentado no hacerlo... excepto los casos que ya eran completamente ilógicos como las puertas de entrada y salida o las flechitas en el suelo... Una cosa es no querer colarte y otra es hacer el imbécil!

  Ésta es una sociedad que se cree superior. Avalada además por sus éxitos económicos. Uno tarda un poco en darse cuenta... pero es algo que siempre esta ahí. Los españoles tenemos fama de chapuzas, juerguistas y vagos. Uno del trabajo cada vez que hacia algo mal me decía "You're doing spanish style" y cuando acertaba "OK. Now you're learning japanese style". Al final le tuve que decir que yo era "spanish style" para todo. Se trata de una sociedad que económicamente funcionaba muy bien hasta hace poco. Los empleados se dedicaban en cuerpo y alma a la empresa y ésta cuidaba de ellos (algo queda: los ejercicios gimnásticos a las 15h, el tono paternalista de los jefes...). Hasta hace unos años existía un puesto de trabajo cuya función era no hacer nada. La empresa se había comprometido a contratar a un cierto número de empleados que en realidad no necesitaba. Solución: cogía una sala, ponía unas mesas, y contrataba a gente que entraban a las 9 y salían a las 18. Y no hacían nada. Increíble... increíble. Pero ahora ha llegado la época de las vacas flacas. Incluso este año probablemente acaben con un índice de crecimiento negativo. Ahora hay un 5% de paro (que no es lo mismo que un 5% en España ya que aquí no hay economía sumergida).

 Los que seguro que están en paro son los decoradores de interiores. La decoración dentro del Japón moderno (que no del tradicional) es superflua. Son tantos que el espacio vacío es signo de lujo. Poner cosas no hace más que malgastar espacio. Y es que, francamente hablando, esta gente es más sosa que un botijo. No ponen nada. Nada. La primera vez que entré en la empresa pregunté si iban a pintar las paredes. Me respondieron muy sorprendidos que no. Pero es que no había nada!. Ni un cuadro, ni un florero, ni un triste póster... Nada. Lo único que adorna las paredes son los extintores(y si adornar es la palabra adecuada). En el hotel más o menos igual: en mi habitación hay un único cuadro. Y ya está... Tengo un espejo y un cuadro. Ah y una tele! Sony... eso si. Supongo que si tienes un piso de 50 m2 para vivir una familia de 4, los abuelos, un perro y un periquito esos 60cm2 del revistero son muy preciados. En todo caso si alguien tiene pensado abrir una tienda de floreros en Tokyo ya le advierto por adelantado que es mala idea (a no ser que venda modelos donde se pueda meter a la abuela dentro).

  Se trata también de la sociedad más consumista que uno se pueda imaginar. Tokyo es una tienda gigantesca. Te cobran por todo (y además no barato). La publicidad es agobiante... está por todas partes. Además como hay tanta competencia los anuncios en la calle son gigantescos, llenos de luces, muchos con pantallas de vídeo gigantescas y bastantes con sonido. Entonces empieza la guerra de ver quien pone el volumen más alto (que yo creo que no debe de haber normativa al respecto porque hay veces que no puedes ni hablar en la calle). El fomento del consumo es masivo. A mí me ha gustado especialmente el método para atraer clientes de algunas tiendas: ponen un artículo a la venta (probablemente finales de stock), le ponen un precio de salida y se comprometen a bajar 1000Y (1500 ptas.) al día hasta que se venda. Es un método muy ingenioso para que la gente vaya a la tienda cada día.

  En resumen se podría decir que ésta es una ciudad donde es muy fácil vivir (si dispones de suficiente dinero)... pero casi imposible convivir... Hagas lo que hagas siempre vas a ser el extranjero y todo el mundo te tratara como tal... Eso llega a cansar. Pero ojo, sin confundir, no creo que haya en todo el mundo gente más amable. A veces se llega a un extremo aberrante como que preguntes a un hombre donde esta un sitio y, al no saberlo, se ponga a buscarlo contigo durante 30 minutos. Que yo me preguntaba: "Que querrá este tío?... Una medalla?". Se agradece porque yo a los 10 minutos hubiese abandonado... pero no podía dejar a mi "compañero de fatigas" tirado: "Ala... que tengas suerte!". Otro caso que recuerdo: preguntarle a una mujer de unos 60 años que venia cargada con la compra donde estaba una estación. Intenta explicármelo pero me dice que es muy complicado (realmente lo era... no hubiese llegado fácilmente). Y me dice que me acompaña... 20 minutos caminando! Y yo diciéndole (por señas) que no hacia falta pero ella que sí, que sí. Que si no me perdería. Lo único que pude hacer fue llevarle la compra durante el viaje... lo menos.

  Me quedo con el orden y la conciencia de bien común. Por ejemplo no hay ninguna papelera en la calle pero no verás ni un papel en el suelo. Aquí lo realmente importante es "ser útil". Todo el mundo quiere "ser útil" a la sociedad. No me quedo con la masa de gente que llena todo. Todos andando acompasadamente. Me quedo con el espíritu de servicio. Es realmente encomiable el empeño que ponen los camareros, cocineros, dependientes... en ofrecer un buen servicio. Y no estoy hablando únicamente de los sitios "caros". No me quedo con las excesivas muestras de sumisión: reverencias constantes, "gracias" y "perdón" cada segundo. Tampoco me quedo con la actitud de algunos turistas (americanos los peores) que confunden ese espíritu con una sumisión cultural y a los que les encanta que les hagan reverencias (y se nota demasiado). Entonces es cuando se "crecen" y por cualquier tontería arman el "numerito" pegando gritos en el restaurante, tienda o bar. Me quedo con la cantidad de parques maravillosos que hay en Tokyo. Son un oasis dentro de tanta aglomeración, coches y tiendas. Me quedo con las vistas increíbles desde los numerosos rascacielos. Es impresionante subir y ver que todo lo que alcanza la vista, por los cuatro costados, es una ciudad inmensa que se extiende hasta el horizonte. Sólo se ve el monte Fuji a lo lejos. Me quedo con el amanecer desde el hotel cada mañana y los desayunos leyendo el periódico. No me quedo, sin duda, con las cenas solitarias en los restaurantes (la inmensa mayoría). Me quedo con los templos budistas. Muy interesantes. No me quedo con la Torre de Tokyo burda copia de la torre Eiffel (pero 30 metros más alta) o con el Rainbow Bridge copia del Golden Gate (no se si 30 metros más largo... pero no me extrañaría). En comida me quedo con el sabu-sabu (ternera hervida), el yakiniku (carne a la parrilla) o la tempura (pescado frito). No me quedo con el Suixi (pescado crudo), el Yakitori (unos pinchitos de lo más ridículos) o la salsa de soja...  Y me quedo con las "Crónicas" que me han hecho pasar buenos ratos al redactarlas en el hotel los domingos por la noche, después de cenar.

  Y si esto fuera un cuento y no una Crónica acabaría con eso de: "Y fueron felices y comieron perdices"... yo no puedo saber si seré feliz, pero comer voy a comerme seguro al llegar un buen par de huevos fritos con patatas, un plato de morcilla con cebolla, una paellita y hasta un potaje de garbanzos... y viva el jamón serrano!

  Un saludo!

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